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A veces pienso que nuestra única especificidad individual radica precisamente en esto: dime lo que te da asco y te diré quién eres. Nuestras personalidades son nulas, nuestras inclinaciones resultan a cual más banal. Sólo nuestras repulsiones nos definen realmente.

Metafísica de los tubos, Amélie Nothomb
Sé que necesito que me salven. ¿De qué? De un conjunto de cosas, la mayoría de las cuales desconozco. Si supiera exactamente qué me amenaza, sin duda ya me habría salvado.

La nostalgia feliz, Amélie Nothomb

¿En la actualidad, qué es una relación humana? Mortifica por su pobreza. Cuando ves lo que hoy denominamos con el bonito nombre de «encuentro», se te cae el alma a los pies. Conocer a alguien debería constituir un acontecimiento. Debería conmover tanto como cuando, después de cuarenta años de soledad, un ermitaño ve a un anacoreta en el horizonte de su desierto.
La vulgaridad de lo cuantitativo ha culminado su obra: conocer a alguien ya no significa nada. Existen ejemplos paroxísticos: Proust conoce a Joyce en un taxi y, durante esa entrevista única, sólo hablan del precio de la carrera: todo ocurre como si ya nadie creyera en los encuentros, en esa sublime posibilidad de conocer a alguien.

Diario de Golondrina, Amélie Nothomb
El oído es un punto débil. A la ausencia de párpado hay que sumarle una deficiencia: uno siempre escucha lo que no desearía oír, pero no oye lo que necesita escuchar.

Diario de Golondrina, Amélie Nothomb