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No quiero seguir siendo quien no soy.
No quiero recordar lo mismo que tú olvidas.
Prefiero que no estés a que te hayas marchado.
No quiero que me expliques qué has querido decir.

Me conformo con más de lo que me merezco.
No quiero que la muerte me sorprenda esperándola.
No quiero regresar al sitio del que he huído
a buscar las razones por las que me marché.

No te quiero decir lo que quieres que oigamos.
No quiero ser tu bala en la recámara.
No quiero días largos que lleguen muy lejos
ni que donde esté solo, haya siempre alguien más.

Quiero salir de casa sin infundir sospechas.
No quiero preguntarme lo que pudo haber sido.
No quiero descubrir que hace ya muchos años
que no hago nada por primera vez.

No quiero que las cosas se queden como estaban.
No quiero que me guardes el secreto.
Quiero que al despertar recuerdes qué he soñado.
No quiero que no haya más tiempo que perder.

No quiero que me expliques de qué va todo esto.
No quiero que tengamos que hacernos a la idea.
No quiero que se cumplan los pronósticos,
que pase lo que tenga que pasar.

No quiero que nos sobren las palabras
y lo que calle busque a otro que lo diga.
No quiero ver el vaso medio lleno.
No quiero que pudiese haber sido peor.

Sólo quiero
saber que cambiarías a cualquiera por mí.

Ya no es tarde, Benjamín Prado
Tenía que decírtelo: era todo mentira.
No es verdad que el tiempo que se va no regrese;
ni que uno sólo pueda ser joven una vez;
que mi destino fuera perseguir lo que escapa
y que tú no existías.

Todo fue un simple engaño.
No es cierto que se pueda ser feliz junto a alguien
que lo conoce todo de ti menos quién eres,
ni al lado del que jura que la suerte está echada
y tú número existe nada más que en sus dados.

Tenía que decírtelo.
Es falso que el amor sea un tren que se marcha.
Es falso que el pasado nos deje siempre atrás.
Las cuerdas que nos atan se sueltan si transformas
la mano que acaricia en la que dice adiós.

Tenías que saberlo.
No podía esperar
a escribir un poema en que te diese
las gracias 
por salvarme 
de mi vida.

Ya no es tarde, Benjamín Prado
Un día te das cuenta de que lo malo no son los problemas, sino el hecho de que necesites darles una respuesta y entonces te encuentras, sin saber de qué forma ha ocurrido, te encuentras en alguna parte mirando la oscuridad, las calles encendidas y las casas apagadas, imaginando un montón de gente que piensan los unos en los otros, tienden puentes a lo largo de toda la ciudad, de una habitación a otra, de un corazón a otro. Y entonces sabes que estás completamente solo cuando te quedas parado a este lado de las cosas, sin ningún puente que cruzar.

Raro, Benjamín Prado
Estaba desnuda en su cama y le parecía tan hermosa como un campo de girasoles junto a una carretera solitaria, y le dieron ganas de hacerle alguna promesa, la que fuera, una de esas que son parecidas a los primeros fascículos de una colección que nunca vas a terminar: me gustaría volver a verte, dame tu teléfono, apunta el mío, jamás te olvidaré, seas quien seas. Dos personas que saben que se mienten nunca se hacen daño.

Qué escondes en la mano, Benjamín Prado
Fíjense qué verbo más elástico, vivir, y qué lleno de significados falsos, todos esos que le hemos atribuido para suplantar el auténtico, para no darnos cuenta de cómo lo necesario ocupa el lugar de lo que importa, hasta convertirnos en los orgullosos propietarios de los muros tras los que estamos presos.

Qué escondes en la mano, Benjamín Prado