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-Si eres la novia de Leonard -dijo-, o estás pensando en serlo, o en volver con él si lo has sido y habéis roto, mi consejo es que no lo hagas.
-¿Y tú quién eres?
-Alguien que sabe por propia experiencia lo atractivo que resulta pensar que uno puede salvar a alguien amándolo.
-Habría jurado que acabamos de conocernos -dijo Madeleine-. Y que no sabes nada de mí.
Henry se puso de pie. Con un aire un tanto ofendido pero la seguridad en sí mismo intacta, dijo:
-La gente no salva a la gente. La gente se salva a sí misma.

La trama nupcial, Jeffrey Eugenides
Las chicas estaban monstruosas con sus vestidos de ceremonia, confeccionados sobre jaulas de alambre. En lo alto de la cabeza tenían sujetas libras de cabello. Borrachas, besándonos o medio derribadas en las sillas, su destino era la universidad, el marido, el cuidado de los hijos, la infelicidad atisbada confusamente. En otras palabras: su destino era la vida.

Las vírgenes suicidas, Jeffrey Eugenides

El doctor Armorson le cosió los cortes de las muñecas y a los cinco minutos de la transfusión la declaró fuera de peligro. Tras acariciarle la barbilla, le dijo:
-¿Qué haces aquí, guapa? Si todavía no tienes edad para saber lo mala que es la vida...
Fue entonces cuando Cecilia dijo en voz alta lo que habría podido considerarse su nota póstuma, aunque en este caso totalmente inútil puesto que seguía con vida.
-Está muy claro, doctor, que usted nunca ha sido una niña de trece años -dijo.

Las vírgenes suicidas, Jeffrey Eugenides