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Dentro de poco nuestras relaciones con los demás se reducirán al registro de sus orgasmos efectivos o inventados. Es el destino de nuestra raza, devastada por la introspección y la anemia: reproducirse a través de la palabra, hacer alarde de sus noches, exagerar sus desfallecimientos y sus triunfos.

Silogismos de la amargura, E.M Cioran
 
Se deja de ser joven cuando ya no se escogen los enemigos, cuando uno se contenta con los que tiene a mano.

Silogismos de la amargura, E.M. Cioran
Todo lo que nos atrae y seduce en la vida me parece vacío de sentido. No poseo ni el sentimiento del pasado ni el del futuro; el presente me parece un veneno. No sé si estoy desesperado, pues la ausencia de toda esperanza no equivale obligatoriamente a la desesperación. Ningún calificativo podría afectarme, pues no tengo ya nada que perder. Y pensar que lo he perdido todo en el momento en que a mi alrededor todo despierta a la vida...

En las cimas de la desesperación, E.M. Cioran
Todo placer insatisfecho es una ocasión desperdiciada para siempre. No seré yo quien se ponga a esgrimir el sufrimiento para prohibir las orgías y los excesos. Dejemos hablar a los mediocres de las consecuencias de los placeres: ¿acaso las del dolor no son más graves aún? Sólo un mediocre deseará, para morir, alcanzar el estadio de la vejez. Sufrid, pues, embriagaos, bebed la copa del placer hasta el final, llorad o reíd, gritad de alegría o de desesperación -de todas formas nada quedará de todo ello. Toda la moral no tiene más objetivo que transformar esta vida en una suma de ocasiones desperdiciadas.

En las cimas de la desesperación, E.M. Cioran
Una constatación que puedo, muy a mi pesar, hacer a cada instante: solamente son felices quienes no piensan nunca, es decir, quienes no piensan más que lo estrictamente necesario para vivir. El pensamiento verdadero se parece a un demonio que perturba los orígenes de la vida, o a una enfermedad que ataca sus raíces mismas. Pensar continuamente, plantearnos problemas capitales a cada momento y experimentar una duda permanente respecto a nuestro destino; estar cansado de vivir, agotado hasta lo inimaginable a causa de nuestros propios pensamientos y de nuestra propia existencia; dejar tras de sí una estela de sangre y de humo como símbolo del drama y de la muerte de nuestro ser -equivale a ser desgraciado hasta el punto de que el problema del pensamiento nos da ganas de vomitar y la reflexión nos parece una condena. Hay demasiadas cosas que añorar en un mundo en el que nada debería ser añorado. De ahí que yo me pregunte si este mundo merece realmente mi nostalgia.

En las cimas de la desesperación, E.M. Cioran