Mostrando entradas con la etiqueta Luis Cernuda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Luis Cernuda. Mostrar todas las entradas
La juventud sin escolta de nubes, 
los muros, voluntad de tempestades, 
la lámpara, como abanico fuera o dentro, 
dicen con elocuencia aquello no ignorado, 
aquello que algún día débilmente 
ante la muerte misma se abandona.

Hueso aplastado por la piedra de sueños, 
¿qué hacer, desprovistos de salida, 
si no es sobre puente tendido por el rayo 
para unir dos mentiras, 
mentira de vivir o mentira de carne?

Sólo sabemos esculpir biografías 
en músicas hostiles; 
sólo sabemos contar afirmaciones 
o negaciones, cabellera de noche; 
sólo sabemos invocar como niños al frío 
por miedo de irnos solos a la sombra del tiempo.

La realidad y el deseo, Luis Cernuda
Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz; 
si como muros que se derrumban, 
para saludar la verdad erguida en medio, 
pudiera derrumbar su cuerpo, 
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición, 
sino amor o deseo, 
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos 
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu 
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor, 
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

La realidad y el deseo, Luis Cernuda
Estar cansado tiene plumas,
tiene plumas graciosas como un loro,
plumas que desde luego nunca vuelan,
mas balbucean igual que loro.

Estoy cansado de las casas,
prontamente en ruinas sin un gesto;
estoy cansado de las cosas,
con un latir de seda vueltas luego de espaldas.

Estoy cansado de estar vivo,
aunque más cansado sería el estar muerto;
estoy cansado del estar cansado
entre plumas ligeras sagazmente,
plumas del loro aquel tan familiar o triste,
el loro aquel del siempre estar cansado.

La realidad y el deseo, Luis Cernuda