Mostrando entradas con la etiqueta Frédéric Beigbeder. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Frédéric Beigbeder. Mostrar todas las entradas
Lo que murió en 1991 no fue sólo la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, sino la credulidad humana. La consecuencia del fracaso del comunismo es la imposibilidad del compromiso en cualquier terreno, político o personal. Y esta derrota no solamente concierne a Rusia, sino al mundo entero. El hedonismo es la ideología de la gente que ya no tiene esperanza. Toda quimera está ya prohibida. La globalización nos convierte en tecnoconsumidores pesimistas y resignados. El amor es un sueño prohibido, como todos los demás sueños, aparte de los créditos rotatorios. El siglo XXI no se recuperará de haber ridiculizado el lirismo.

Socorro, perdón, Frédéric Beigbeder
Nuestra sociedad cree que se puede prescindir de voluntad pero, bien mirado, es un problema bastante grave no saber lo que uno quiere. Todo el mundo necesita un objetivo preciso; ahora bien, el nuestro es cada vez más borroso. Sin sueños te transformas en un animal anodino, un paseante extraviado. Estás vacío o perdido. Durante un momento puede resultar agradable, como cuando te equivocas de calle en una ciudad extranjera. Aprovechas la ocasión para vagabundear, retrasar el momento de preguntar el camino, sentarte y mirar las nubes, como un mamífero que pasta en la naturaleza. Pero muy pronto el pánico gana terreno. Te registras los bolsillos en busca de un mapa, de un refugio o de un estuche de GPS. Echas mano de los indígenas. Llamas a taxis. Muy poca gente tiene el valor de perderse de verdad. En todo caso, yo no creo haberlo deseado. La soledad fue el regalo de cumpleaños de mis cuarenta años. Es complicadísimo ser libre. La libertad es un fardo al que te acostumbras, como la muerte.

Socorro, perdón, Frédéric Beigbeder
El amor es más bello cuando es imposible, el amor más absoluto nunca es recíproco. Pero el flechazo existe, ocurre todos los días, en cada parada de autobús, entre personas que no se atreven a dirigirse la palabra. Los seres que más se quieren son aquellos que no se querrán jamás.

Oona y Salinger, Frédéric Beigbeder

Todo es provisional: el amor, el arte, el planeta Tierra, vosotros, yo. La muerte es algo tan ineludible que pilla a todo el mundo por sorpresa. ¿Cómo saber si este día no será el último?
Creemos tener tiempo. Y luego, de repente, ya está, nos ahogamos, fin del tiempo reglamentario. La muerte es la única cita que no está anotada en nuestra agenda.

13'99, Frédéric Beigbeder
La gran diferencia entre mis padres y yo: durante su juventud, las libertades aumentaban; durante la mía, no han hecho más que disminuir año tras año.

Una novela francesa, Frédéric Beigbeder
Cuando uno ha sufrido tantas decepciones, cuando ha esperado tanto sin atreverse, ¿cómo puede no pasarse el resto de la vida considerando cada beso como una victoria? No conseguiré deshacerme jamás de la idea de que cualquier mujer que me quiera es la más bella del mundo.
Uno puede olvidar su pasado, pero eso no significa que lo supere.

Una novela francesa, Frédéric Beigbeder
Siempre he considerado una cuestión de honor esperar a tener hambre para comer. En eso consiste la elegancia: comer cuando uno tiene hambre, beber cuando uno tiene sed, follar cuando a uno se le pone dura.

El amor dura tres años, Frédéric Beigbeder