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Padre nuestro que estás en paradero 
desconocido, líbranos de Ti.

No nos llenes el tiempo con tu ausencia.
Tú utilizaste el fuego del infierno 
para encender el sol de nuestra infancia.

No nos des incertidumbre de tus ojos 
después de que los nuestros ya no puedan 
mirar la rosa negra de la vida.

Oh cordura de Dios que catas 
el pecado del mundo, 
dispendia tu piedad con los cobardes, 
los que te encuentran en cualquier fenómeno 
de meteorología, los que imponen 
tu Nombre en leyes y oraciones.

Confórmate con ser un huésped 
de nuestra infancia rota en mil pedazos.

Vacíanos de Ti, 
regresa a tus orígenes,
a aquella inmensa noche de tormenta 
en la que el miedo de unos monos te inventara.

Poesía para los que leen prosa, VV.AA.
Padre nuestro que estás en paradero 
desconocido, líbranos de Ti.

No nos llenes el tiempo con tu ausencia.
Tú utilizaste el fuego del infierno 
para encender el sol de nuestra infancia.

No nos des incertidumbre de tus ojos 
después de que los nuestros ya no puedan 
mirar la rosa negra de la vida.

Oh cordura de Dios que catas 
el pecado del mundo, 
dispendia tu piedad con los cobardes, 
los que te encuentran en cualquier fenómeno 
de meteorología, los que imponen 
tu Nombre en leyes y oraciones.

Confórmate con ser un huésped 
de nuestra infancia rota en mil pedazos.

Vacíanos de Ti, 
regresa a tus orígenes,
a aquella inmensa noche de tormenta 
en la que el miedo de unos monos te inventara.

Poesía para los que leen prosa, VV.AA.
El mundo carece de principio de causación y, por tanto, de toda posibilidad intrínseca de culminación, es decir, de alcanzar una «meta», un «resultado», un «fin». Como consecuencia, el devenir y el tiempo en que se configura la identidad del sujeto, y su aparente libertad, no son más que una mera ilusión, una ficción de nuestro intelecto, que le proporciona al animal racional y enfermo la fábula compensatoria del sentido, a la que se agarra con uñas y dientes: sentido del mundo, sentido del tiempo, sentido de la acción racional. Pero la cosa es aún peor. Si toda realidad se reduce a un gigantesco impulso de carácter afectivo, pulsional e irracional; si el mundo es, en último término, Voluntad (y nuestra voluntad no es más que una tendencia ciega, una fuerza amorfa, un deseo vampírico y sin objeto que no quiere más que seguir queriendo), entonces la acción humana no es más que la eterna repetición de una querencia primigenia, enraizada en la ausencia de fin, de meta y de sentido. Y su corolario: esta repetición vacía conlleva la imposibilidad humana de alcanzar la felicidad y la plenitud, el absurdo de nuestras ilusiones a la hora de concebir el futuro como un espacio de satisfacción y realización.

True Detective. Antología de lecturas no obligatorias, VV.AA.

Aunque no estemos en la guerra nadie nos quita el campo de batalla que es la vida, el día a día. Todos nos vemos de repente en un engranaje absurdo, construido a base de mentiras y equívocos, con balas silbando a nuestro alrededor, balas disparadas desde la frustración por otros tantos seres asustados que no saben cómo han llegado hasta aquí, ni mucho menos cómo bajarse de este trasto averiado antes de la colisión, pataleando ciegos y sordos, mutilados de por vida. Una guerra sin cuartel en pos de ídolos de barro, de promesas de goma. No somos mucho más complejos que los insectos que alucinan girando alrededor de una luz cegadora que acaba por achicharrarlos con un fogonazo... Y fin de la historia. A las pruebas me remito.
Así estamos, hermano. Mira a tu alrededor y dime que no es cierto.

El descrédito, VV.AA.
Si ahora mismo te digo que defiendo el nazismo como un sentimiento intrínseco y natural en el hombre, te apresurarás a indignarte y colgarme de los huevos amparado en tu supuesta superioridad moral, con lo cual estarás dándome la razón, ya que así obraría un nazi. ¿Ves a dónde pretendo llegar? Ahondemos en ello. El nazismo es solo una palabra, una etiqueta que ha quedado estigmatizada con el tiempo, pero que responde simplemente a un sentimiento misántropo exagerado, y la misantropía es un pie del que todos cojeamos. La marca nazismo es solo una etiqueta que se ha creado para encerrar unas ideas en unos márgenes visibles y estigmatizar el todo, pero siempre que se crean márgenes, lo que ellos encierran pierde su sentido y se expande silenciosamente por otras vías. Lo cierto es que aunque la esvástica esté pasada de moda, sus premisas siempre han seguido presentes. El jefe cabrón que te pide, tras terminar tu jornada de ocho horas, que te quedes otras cuatro, por supuesto sin cobrar, ya que "en nuestro convenio no se pagan las horas extra", y así te esclaviza un poco más y encima gratuitamente, ¿eso qué es? Un puto nazi. Observemos la sociedad actual. Vivimos gobernados por nazis, eso es un hecho que se demuestra más claramente a cada día que pasa. Nuestro ilustre presidente, esa jodida marioneta gangosa, esa mascota de poderes ocultos más elevados, está haciendo todo lo posible por llevar a su pueblo a la esclavitud absoluta con una sarta de medidas absurdas, con el terreno allanado por la política de haber transformado a la sociedad, ausente como dije de disciplina y fortaleza, en un rebaño dócil y completamente maleable ¿Qué puedes esperar de un país en el que el periódico más vendido es el deportivo, el programa más visto el de los chismorreos del corazón y los libros más vendidos son absurdas epopeyas vampíricas en ficción y recetas de cocina en no ficción? Se ha conseguido incluso que nos esclavicemos personalmente, que sonriamos mientras nos colocamos nuestros propios grilletes en forma de obligaciones y deseos de propiedad absurdos. Todo es tan evidente que hasta los más ignorantes empiezan a darse cuenta del percal, pero incluso sabiéndolo se ven incapaces de actuar porque han perdido por completo su voluntad, están asustados y prefieren ser dominados, bajan la cabeza mientras se les despoja poco a poco de todo, abrumándolos con excusas incomprensibles por doquier, las presiones de los mercados, la esclavitud del dinero... Incluso se aprueba la esterilización de los discapacitados sin terminar de definir qué es un discapacitado, y aquí no pasa nada, oiga. La jugada les está saliendo bien, y entre risas nuestros dirigentes exprimen un poco más para ver hasta dónde pueden llegar, mientras nadie hace nada. Al fin y al cabo, ¿por qué no hacerlo? El egoísmo y el ansía de poder del ser humano no conoce límites, y si no hay represalias se tiende a estirar de la cuerda al máximo, si dejas que se follen a tu mujer sin hacer nada el violador pasará seguidamente a probar el chochito de tu hija, luego de tu hermana, de tu madre, y al final te verás con un pene metido en el culo y quizás entonces hagas algo, o quizás no... Y si se produjese de repente el ansiado despertar de las conciencias, ¿qué haríamos entonces? Coger las antorchas, salir a la calle, arrancar a los reptiles de sus sofás de cuero, sacarles de sus búnkeres y arrastrarlos por los pelos hasta la plaza del pueblo, donde, entre cánticos, los condenaríamos a morir lapidados, con lo cual nosotros nos convertiríamos en los nazis.

El descrédito, VV.AA.
Quiero probar las drogas sintéticas, es como un capricho de turista, empecinado en sacarse una foto delante de la Torre Eiffel, buscando el ridículo efecto óptico de tener el dedo índice justo encima de la punta. Mi apetencia es quizá menos sana, pero menos ridícula y bastante más divertida.

El descrédito, VV.AA.
Los grandes cínicos han sido antes grandes entusiastas de la vida. Su entusiasmo troca en cinismo mediante la experiencia, pero se trata de un cinismo tan lleno de energía como aquel entusiasmo, lo cual los sitúa de nuevo dentro de la vida. Si no valiese la pena existir tampoco valdría la pena escribir para contarlo.

El descrédito, VV.AA.