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Ésa era la diferencia entre Kafka y una encíclica vaticana, que el primero desea hacerse entender y la segunda obliga tiránicamente a creer. Que ambos, Kafka y la encíclica, pueden estar igual de desequilibrados y por lo tanto de lúcidos ante el desequilibrio del mundo, pero que el primero trata de hacernos ver la necesidad de su locura, en tanto que el otro se limita a imponerla cómodamente.

Historia de un idiota contada por él mismo, Félix de Azúa

La lacra de la felicidad infantil ha extendido el deporte hasta convertirlo en un negocio de estado, sólo comparable con la fabricación de armamento nuclear; y ha rebajado las exigencias morales de los inexistentes adultos a niveles de jardín de infancia. No es de extrañar que en la actualidad la población desarrollada sea prácticamente analfabeta, a la manera de los niños, es decir, con una cantidad ingente de información inútil ocupando la totalidad del cerebro.

Historia de un idiota contada por él mismo, Félix de Azúa