En la escultura griega el ideal universal de belleza hace que los cuerpos del hombre y de la mujer se parezcan bastante. ¿No puede residir aquí uno de los secretos del amor? ¿No podría ser que en los recovecos más recónditos del amor existiera, tanto en el hombre como en la mujer, el ansia imposible de llegar a ser exactamente iguales? ¿No cabe la posibilidad de que el deseo amoroso impulse a la gente a imponerse un alejamiento trágico desde el cual marcar la imposibilidad de acceder al polo opuesto? Es decir, como el amor recíproco no puede lograr la perfección de una identidad de los dos seres, ¿no se producirá un proceso mediante el cual cada uno de los dos amantes trata de no asemejarse en lo más mínimo al otro, y emplea este alejamiento como una especie de coquetería dirigida al otro? En cualquier caso, ¡qué lástima que esta similitud acabe reducida a una ilusión momentánea! Porque, a pesar de que la joven enamorada se hace más valiente y el joven enamorado se vuelve más tímido, llega un momento en que los dos, yendo en direcciones opuestas, se cruzan rompiendo la similitud y encaminándose cada uno a un lugar en la distancia en la cual ya no existe un objetivo.

Confesiones de una máscara, Yukio Mishima
Al considerar los acontecimientos presentes de nuestra vida, oscilamos constantemente entre la fe en el azar y la evidencia del determinismo. Sin embargo, cuando se trata del pasado, no tenemos la menor duda: nos parece obvio que todo ha ocurrido del modo en que, efectivamente, tenía que ocurrir.

Las partículas elementales, Michel Houellebecq
No hay nada más lógico que el impulso carnal. En cuanto el intelecto se ponía a actuar para comprender, mis deseos por determinada persona se desvanecían de inmediato. Incluso el descubrimiento del más mínimo indicio de inteligencia en mi pareja me obligaba a un juicio racional de valores. En una relación de interacción como es la del amor, hay que dar lo mismo que se pide al otro. De aquí que el deseo de ignorancia en mi pareja me exigiera, aunque temporalmente, una absoluta «rebelión contra el razonamiento». De todas maneras, esto, para mí, era imposible.

Confesiones de una máscara, Yukio Mishima
-Estoy hablando en serio. Las cosas importantes, las únicas cosas importantes que  existen en el mundo, se escriben con hache, y, por el contrario, se escriben sin hache las  infinitas cosas que no tienen importancia.
- Explica eso -pidió Zambombo, interesado.
-No hace falta explicarlo. Basta con repasar el diccionario. Busca las cosas  trascendentales, y sólo las hallarás en la H. Los hijos, con hache; el honor, la  honra, con hache; Dios (Hacedor Supremo), con hache; hombre, con hache; la materialización de Cristo (La Hostia), con hache; la hidalguía, con hache; el  habilitado, que es el que paga, con hache...
Hubo nuevas risas.
-Os hago reír, ¿verdad? Reír es lo más importante del mundo: y humorismo se escribe
con hache...
-¿Y comer? ¿No es importante comer?
-Ya lo creo... Por eso, los alimentos principales se escriben con hache: harina, huevos... ¿Tiene importancia el día de mañana? No, porque aún no ha llegado. ¿Tiene importancia el día de ayer? No, porque ha pasado ya. Pero el día de hoy, que es importantísimo, ya se escribe con hache. ¿Y hay algo tan importante como el hambre? ¿Y como la higiene?... Amigo se escribe sin hache, pero cuando es un amigo de verdad, entonces se escribe con hache, porque se le llama hermano... Un mineral conmocionó el mundo, fue padre de todo y creó la civilización: el hierro. Honradez se escribe con hache...
Fermín hizo una pequeña pausa para agregar:
-Todos los símbolos de las cosas importantes tienen su hache correspondiente... Hecatombe, o sea el siniestro máximo; la hidra, lo más dañino; el hada, lo más benéfico; la hélice, que es lo que impulsa; el hueso, que sostiene el edificio humano; Hércules, que es la fuerza; hermosura, que es la belleza; horrible, que es la fealdad, con los superlativos de horroroso y horrendo; el himeneo, que representa el matrimonio; los himnos, que sintetizan el ideal patriótico de los pueblos; el hogarrefugio de los que tienen la misma sangre... Y esa misma sangre, ¡tan importante!, es la hemoglobina... y cuando esa preciosa sangre se vierte, cosa gravemente trascendental, surge la hemorragia... El fuego se representa con la hoguera y el frío con el hielo. Dos verbos imprescindibles, que personalizan el esfuerzo humano de muchos siglos, son hacer y hablar. Humanidad se escribe con hache. Y la Humanidad dio un paso gigantesco cuando empezó a usar el hilo para confeccionar sus ropas. La altura mayor del planeta es el Himalaya, y el primer médico, Hipócrates, y el primer poeta, Homero, y los mejores cigarros, los habanos... y ahí, en la moderna América del Norte, tenéis un río, que por sí solo ha creado un pueblo nuevo, una raza nueva, y que ¡naturalmente!, se escribe con hache; me refiero al Hudson.
-¿Y el valor? ¿El valor no es importante? -dijo Zamb-. Y sin embargo...
-Cuando el valor llega a ser algo importante, nace el heroísmo; es como el caballo, ese simpático animal que también se escribe sin hache, pero que cuando es verdaderamente bueno, tiene hache, puesto que se le destina al hipódromo; y todo lo relativo al caballo es hípico... Al asesinato de un ser humano se le llama homicidio. El...
-¿Y el Sol?... ¡Sol se escribe sin hache! -interrumpió Dolly.
-¡Ignorante! ¿No sabes que Sol es Helios? A veces hay que retroceder a la antigüedad para encontrar algunas haches destrozadas por el uso. El pueblo elegido de Dios fue el hebreo; el pueblo constructor y precursor, los helenos, y el pueblo destructor y retrógrado, los hunos. Y es importante la Historia, que se escribe con hache, y cuando alguien ejecuta algo grande, se dice que ha llevado a cabo una hazaña. ¡Pero, hombre! Si hasta las mejores barajas son las de Fournier, don Heraclio.
Esta vez las risas se le contagiaron al camarero.
-Por eso -siguió Fermín- el amor, que no tiene importancia ninguna, se escribe sin hache. No debe tomarse en serio el amor... ¡Amor se escribe sin hache!... Hay que reírse de las cosas escritas sin hache...

Amor se escribe sin hache, Enrique Jardiel Poncela