El problema con el sexo es el mismo que con cualquier otra adicción. Uno siempre se está recuperando. Uno siempre está recayendo. Portándose mal. Hasta que uno encuentra algo por lo que luchar o se decide por algo contra lo cual luchar. Toda esa gente que dice que quiere una vida libre de compulsiones sexuales, o sea, olvídalo. O sea, ¿qué puede haber que sea mejor que el sexo?
Está claro, la peor mamada es mejor que, digamos, oler la mejor rosa o ver la mejor de las puestas de sol. Mejor que oír reír a los niños.
Creo que nunca veré un poema tan maravilloso como uno de esos orgasmos que te explotan dentro, te provocan un calambre en el culo y te vacían las tripas.
Pintar un cuadro, componer una ópera, eso son cosas que uno hace hasta que encuentra el siguiente culo dispuesto a hacerlo.
En cuanto aparezca algo mejor que el sexo, llamadme.

Asfixia, Chuck Palahniuk

Sólo hay un modo de aprender a pelear: peleando mucho.
El motivo por el cual hay mucha gente que no sabe pelear es que pelean muy de vez en cuando, y, en estos tiempos de especialización al máximo grado, nadie puede llegar a triunfar en ningún terreno a no ser que se dedique a él en serio y todo el tiempo que le sea posible. En el caso de la violencia, hay que practicarla, hay que tener un buen repertorio.

Dinero, Martin Amis
Todo el mundo debería emborracharse. La borrachera alegre te abre, y te recuerda que eres tan patético y ridículo como los demás humanos. Tu suerte es la suya. Tu historia es la de todo el mundo: todos estamos juntos en esto, y nuestra separación es su triunfo, aunque siempre consigamos olvidarlo. Todos somos lo mismo. Todos somos lo mismo. Todos somos lo mismo. Repetir hasta que se quede grabado.

Eres el mejor, Cienfuegos, Kiko Amat

Aunque no estemos en la guerra nadie nos quita el campo de batalla que es la vida, el día a día. Todos nos vemos de repente en un engranaje absurdo, construido a base de mentiras y equívocos, con balas silbando a nuestro alrededor, balas disparadas desde la frustración por otros tantos seres asustados que no saben cómo han llegado hasta aquí, ni mucho menos cómo bajarse de este trasto averiado antes de la colisión, pataleando ciegos y sordos, mutilados de por vida. Una guerra sin cuartel en pos de ídolos de barro, de promesas de goma. No somos mucho más complejos que los insectos que alucinan girando alrededor de una luz cegadora que acaba por achicharrarlos con un fogonazo... Y fin de la historia. A las pruebas me remito.
Así estamos, hermano. Mira a tu alrededor y dime que no es cierto.

El descrédito, VV.AA.