El día que me vaya no se lo diré a nadie.
Que pasen los días sin saber adónde voy, y sin saber su opinión sobre mi viaje. Que me miren en el tren y no sepan quién soy. Que no tenga que sonreír si no quiero. Hablar si no quiero. Comer sin hambre. Reír sin ganas.

El día que me vaya no se lo diré a nadie, Kiko Amat
Yo había saltado desde el borde del acantilado y justo cuando estaba a punto de dar contra el fondo, ocurrió un hecho extraordinario: me enteré de que había gente que me quería. Que le quieran a uno de ese modo lo cambia todo. No disminuye el terror de la caída, pero te da una nueva perspectiva de lo que significa ese terror. Yo había saltado desde el borde y entonces, en el último instante, algo me cogió. Ese algo es lo que defino como amor. Es la única cosa que puede detener la caída de un hombre, la única cosa lo bastante poderosa como para invalidar las leyes de la gravedad.

El Palacio de la Luna, Paul Auster
A lo largo de mi vida, ha habido más gente que ha visto mi porra del amor que mi biblioteca; así mis libros, incluso más que mi sable, operan de sistema como memoria oculta.

Memphis Underground, Stewart Home
No es eso. Yo intento conservar mi cuerpo en buen estado. Quizá estoy muerto, no sé. Hay alguna cosa que debería hacer, que no hago. No me han enseñado. Este año, he envejecido mucho. Me he fumado ocho mil cigarrillos. A menudo, me he mareado. Sin embargo, debe haber algún modo de vivir; algo que no encuentro en los libros. Hay seres humanos, hay personajes; pero de un año para otro apenas si reconozco sus caras.
No respeto al hombre; no obstante, lo envidio.
Poesía, Michel Houellebecq