-No sé quién me explota más, la verdad, si el patrón o el proletariado -ironiza Pablo al poner en marcha otra vez las máquinas.

-Seguramente igual -se ríe Robinsón-. Pero uno lo hace para sacar lo peor de ti y el otro lo mejor.
-Ya, pero uno me da de comer y el otro me quita el sueño.
-Bueno, en eso tienes razón -acepta Robinsón-. Aunque también lo puedes ver de otra forma: uno compra tu alma y el otro te regala su amistad.

El anarquista que se llamaba como yo, Pablo Martín
A Pereira le vino a la cabeza una frase que le decía siempre su tío, que era un escritor fracasado, y la repitió. Dijo: La filosofía parece ocuparse sólo de la verdad, pero quizá no diga más que fantasías, y la literatura parecer ocuparse sólo de fantasías, pero quizá diga la verdad.

Sostiene Pereira, Antonio Tabucchi
En este momento, caballeros, sólo me apetece recibir un balazo en la frente, porque para ser sinceros estoy cansado de aguantar y me da miedo no tener una muerte heroica.

Soy Yo, Édichka, Eduard Limónov
Tenía que pensar con claridad, tomar las decisiones adecuadas, hacer planes, pero no podía. No estaba en situación de comprender las cosas: o me eran demasiado próximas o demasiado lejanas. Pensaba que determinada decisión era la correcta, e inmediatamente me preguntaba si al cabo de un rato no pensaría lo contrario. A veces sabía lo que debía hacer, pero me faltaba voluntad para pasar a la acción; y otras veces me sobraba voluntad, pero no movía un dedo. Y así, a fuerza de chocar conmigo misma, llegué a preguntarme cómo cambiar para no ser esa persona con la que tenía que pelearme sin fin y que me vencía siempre.

El final de la historia, Lydia Davis