El mundo existe, sus leyes no cambian. Las piedras son duras, el agua moja, los objetos dejados en el vacío caen hacia el centro de la tierra. Con la sensación de estar hablándole a O'brien, y también de estar estableciendo un axioma de crucial importancia, escribió:
La libertad consiste en poder decir que dos y dos son cuatro. Admitido eso, se deduce todo lo demás.

1984, George Orwell
Todos tenemos en común nuestros orígenes, nuestras madres; todos procedemos del mismo abismo; pero cada uno tiende a su propia meta, como un intento y una proyección desde las profundidades. Podemos entendernos los unos a los otros; pero interpretar es algo que sólo puede hacer cada uno consigo mismo.

Demian, Herman Hesse
Las situaciones más trascendentes ocurren en el pasado pero recién suceden en el futuro, cuando somos verdaderamente conscientes de su importancia, influencia y peso sobre todo lo que vino y vendrá. Y es lo que sucede después lo que hace del antes algo triste o feliz. Necesitamos saber dónde llegamos para poder comprender del todo la textura del de dónde venimos. Tenemos que recorrer largos trechos sin brújulas precisas, arrastrarnos a lo largo y ancho de un inmenso y al mismo tiempo siempre pasajero presente.

La parte inventada, Rodrigo Fresán

-Si confieso, te matarán, y si me niego a confesar te matarán de todos modos. Nada que pueda hacer, decir o callar podrá demorar tu muerte ni cinco minutos. Ninguno sabrá si el otro está vivo o muerto. Estaremos totalmente impotentes. Lo más importante es que no nos traicionemos, aunque eso tampoco suponga la menor diferencia.
-Si te refieres a confesar -dijo-, puedes estar seguro de que lo haremos. Todo el mundo confiesa. Es inevitable. Te torturan.
-No me refería a confesar. La confesión no es una traición. Lo que hagas o digas carece de importancia: lo único que importa son los sentimientos. Si lograsen que dejara de quererte... eso sería una auténtica traición.
Ella reflexionó un instante.
-No -dijo por fin-. Es lo único que no pueden hacer. Pueden obligarte a decir cualquier cosa, lo que sea, pero no obligarte a que lo creas. No se pueden meter en tu cabeza.
-No -respondió él un poco más esperanzado-, no; tienes razón. No se pueden meter en tu cabeza. Si seguimos sintiendo que vale la pena seguir siendo humanos, incluso aunque no sirva de nada, les habremos derrotado.

1984, George Orwell