-Quizá no sea usted un amor -dijo Adam.
-¿Y usted? -preguntó Deirdre.
-Sí, fui un amor, en mi juventud. Y fui joven mucho tiempo. Quizá precisamente por el efecto de ser un amor. Retarda el proceso de envejecimiento, pero desgraciadamente, no lo detiene y, un día, me levanté una mañana y vi que ya era viejo. Usted está envejeciendo de manera más gradual y eso es, en mi opinión, una bendición: no hay nada peor que despertar una mañana y descubrir que estás decrépito.
-¿Es mejor envejecer de manera gradual?
-Sí -dijo Adam-. Así no te das cuenta. A no ser que seas lo suficientemente estúpido como para mirar una vieja fotografía. Por esa razón destruí todas las viejas fotografías de mí mismo.
-Yo creo que algunas personas quieren recordar su belleza de antaño -dijo Deirdre.
-Mejor recordarla con el ojo de la mente -dijo Adam-. La belleza recordada es más intensa que la belleza registrada.

Aquella tarde dorada, Peter Cameron

-¿Sabes lo que te digo?
-¿Qué?
-Que no me importa seguir siendo un secreto.
-No eres un secreto... Ya no te puedes quejar.
-Que no me importa seguir siendo una latencia, que sigamos así, que lo nuestro no tenga nombre. Todo lo que tiene nombre está muerto.
-Qué bonito.
-Es que follar me pone poeta.

Vida de Pablo, Carlos Pardo
Debiéramos tal vez
reescribir despacio nuestras vidas,
hacer en ellas cambios de latitud y fechas,
borrar de nuestros rostros en el álbum materno
toda noticia de nosotros mismos.

Debiéramos dejar falsos testigos,
perfiles maquillados,
huellas rotas,
irredentas partidas bautismales.

O por toda memoria,
una ventana abierta,
un bastidor vacío, un fondo
irremediablemente blanco para el juego infinito
del proyector de sombras.
Nada.

De ser posible, nada.

Entrada en materia, José Ángel Valente
Sé que llegará el día en que ya nunca 
volveré a contemplar 
tu mirada curiosa y asombrada. 
Tan sólo en tus pupilas 
compruebo todavía, 
sorprendido, 
la belleza del mundo 
-y allí, en su centro, tú 
iluminándolo.

Por eso, ahora, 
mientras aún es posible, 
mírame mirarte; 
mete todo tu asombro 
en mi mirada, 
déjame verte cuando tú me miras 
también a mí, 
asombrado 
de ver por ti y a ti, asombrosa.

Otoños y otras luces, Ángel González