Tu cuerpo puede
llenar mi vida,
como puede tu risa
volar el muro opaco de la tristeza.

Una sola palabra tuya quiebra
la ciega soledad en mil pedazos.

Si tu acercas tu boca inagotable
hasta la mía, bebo
sin cesar la raíz de mi propia existencia.

Pero tú ignoras cuánto
la cercanía de tu cuerpo
me hace vivir o cuánto
su distancia me aleja de mí mismo
me reduce a la sombra.

Tú estás, ligera y encendida,
como una antorcha ardiente
en la mitad del mundo.

No te alejes jamás:
Los hondos movimientos
de tu naturaleza son
mi sola ley.
Retenme.
Sé tú mi límite.
Y yo la imagen
de mí feliz, que tú me has dado.

Punto cero, José Ángel Valente
Me han grabado a fuego desde pequeño que la educación permanece siempre por encima de la sinceridad. Hoy en día no es así. No paro de escuchar frases como «Soy una persona muy legal, te digo las cosas a la cara», morid, hijos de puta, nadie debería restregar por la cara a nadie su maldita sinceridad.

Érase una vez el fin, Pablo Rivero
Hurra por los otros días. Hurra por dormir hasta tarde, las cervezas para desayunar y los universos paralelos donde todo es un poco mejor.

Hurra, Ben Brooks
Padre nuestro que estás en paradero 
desconocido, líbranos de Ti.

No nos llenes el tiempo con tu ausencia.
Tú utilizaste el fuego del infierno 
para encender el sol de nuestra infancia.

No nos des incertidumbre de tus ojos 
después de que los nuestros ya no puedan 
mirar la rosa negra de la vida.

Oh cordura de Dios que catas 
el pecado del mundo, 
dispendia tu piedad con los cobardes, 
los que te encuentran en cualquier fenómeno 
de meteorología, los que imponen 
tu Nombre en leyes y oraciones.

Confórmate con ser un huésped 
de nuestra infancia rota en mil pedazos.

Vacíanos de Ti, 
regresa a tus orígenes,
a aquella inmensa noche de tormenta 
en la que el miedo de unos monos te inventara.

Poesía para los que leen prosa, VV.AA.