Los dos jóvenes se miraron a los ojos, aislados de cuanto les rodeaba. Él la observó con extrañeza y ella le devolvió una mirada ardiente. Pablo supo entonces que la vida es una tormenta gobernada por el azar, una tormenta en la que todos terminan por ahogarse, incluso los más astutos, aunque consigan mantenerse a flote durante más tiempo.

El anarquista que se llamaba como yo, Pablo Martín

El doctor Armorson le cosió los cortes de las muñecas y a los cinco minutos de la transfusión la declaró fuera de peligro. Tras acariciarle la barbilla, le dijo:
-¿Qué haces aquí, guapa? Si todavía no tienes edad para saber lo mala que es la vida...
Fue entonces cuando Cecilia dijo en voz alta lo que habría podido considerarse su nota póstuma, aunque en este caso totalmente inútil puesto que seguía con vida.
-Está muy claro, doctor, que usted nunca ha sido una niña de trece años -dijo.

Las vírgenes suicidas, Jeffrey Eugenides
Cuando el doctor Cardoso salió por la puerta y desapareció en la calle se sintió solo, verdaderamente solo, y pensó que cuando se está verdaderamente solo es el momento de medirse con el yo hegemónico que quiere imponerse en la cohorte de las almas. Y aunque pensó en todo ello no se sintió tranquilo, sintió en cambio una gran nostalgia, no sabría decir de qué, pero era una gran nostalgia de una vida pasada y de una vida futura, sostiene Pereira.

Sostiene Pereira, Antonio Tabucchi

La vida en sí misma es un proceso absurdo. Por eso siempre he buscado una ocupación elevada en la vida. Quería amar con abnegación, siempre me he aburrido solo. He amado, visto desde ahora, de una forma extraordinaria, fuerte y horrible, pero resulta que quería amor por respuesta. Eso ya no está bien, eso de querer algo a cambio.
Yo, que lo he perdido todo pero no me he rendido nunca.

Soy Yo, Édichka, Eduard Limónov